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6 iconografías sobre la Resurrección de Cristo

El ciclo de la Pasión destaca en el conjunto de la iconografía cristiana y, en concreto, cristológica, como uno de los más representados y populares. Desde la entrada de Jesús en Jerusalén a la Crucifixión, pasando por la Última Cena, los episodios de Getsemaní y Pilatos o el camino del Calvario, las escenas relativas a los últimos días de Cristo y su posterior Resurrección y ascenso a los cielos han ocupado un lugar privilegiado en el arte religioso a lo largo de los siglos.


Precisamente sobre el período de tiempo transcurrido desde el Santo Entierro a la Ascensión, es decir, sobre los hechos relativos a la Resurrección, planteamos aquí seis de las escenas o iconografías más habituales en las representaciones artísticas.


1. El Descenso a los infiernos

Descenso de Cristo a los infiernos, Buoninsegna
Descenso a los infiernos, Duccio di Buoninsegna

También denominado Descenso al Seno de Abraham o Descenso al Limbo (en referencia al Limbo de los Patriarcas), el episodio hace referencia a la bajada de Cristo al Hades, lugar donde restan las almas de los justos en espera de su Redención por parte, precisamente, de Jesús. La narración aparece contenida tanto en la Biblia (Evangelio de Mateo y Hechos de los Apóstoles) como en el Evangelio de Nicodemo, apócrifo también conocido como Hechos o Actas de Pilato.


En la escena aparece Cristo portando alguno o varios de los símbolos de su triunfo sobre la muerte (bandera de la Resurrección o un báculo crucífero, por ejemplo), pudiendo aparecer el diablo representado de forma monstruosa a sus pies. Durante la Edad Media fue habitual representar la entrada al infierno como una cueva en cuyo exterior se concentran figuras monstruosas o, en su lugar, una boca de gran tamaño de la que salen figuras humanas en representación de los Santos.



2. Las Tres Marías o Las Santas Mujeres ante el sepulcro vacío

Tres Marías frente al sepulcro, Federico de Madrazo
Marías frente al sepulcro, Federico de Madrazo

La escena más habitual representa la visita de las Tres Marías (María Magdalena, María Salomé y María de Cleofás) al Santo Sepulcro, que encuentran vacío, convirtiéndose así en los primeros testigos de la Resurrección, si bien las fuentes evangélicas difieren en el número e identidad de las mujeres (la imagen canónica recoge lo mencionado por Marcos, mientras que Mateo solo menciona a dos de ellas, Lucas incluye a Juana y Juan, por su parte, restringe la visita a María Magdalena). Junto a las mujeres, dialogando con ellas, pueden aparecer uno o dos ángeles.


3. Noli me tangere

Noli me tangere, Fra Angelico
Noli me tangere, Fra Angelico

La expresión latina que da nombre a la escena y la iconografía hace referencia al episodio contenido en los Evangelios de San Marcos y San Juan, en el cual Jesús se dirige a María Magdalena tras su Resurrección para decirle “No me toques, porque todavía no he subido a mi Padre”.


El hecho de que el Evangelio de San Juan haga referencia a la confusión de María, que toma a Jesús por un hortelano, hizo que en ocasiones se representara a este como tal, si bien es más habitual encontrar la figura de Cristo con túnica o con el paño de pureza, semidesnudo, con los atributos de la Resurrección y, junto a él, María arrodillada extendiendo su mano hacia el cuerpo de Jesús.



4. La Cena de Emaús

La cena de Emaús, Rembrandt
Los peregrinos de Emaús, Rembrandt

El pasaje aparece brevemente referenciado en el Evangelio de San Mateo y desarrollado en el de San Lucas y narra cómo, tras aparecerse Jesús a dos de sus discípulos que se dirigían al pueblo de Emaús, estos le invitan a cenar.


La relevancia del aspecto de Cristo, que le hace irreconocible incluso para sus seguidores más cercanos, reside en la concepción del episodio como muestra de una prueba de fe: durante el trayecto a Emaús, Jesús reprocha a sus acompañantes sus dubitaciones sobre la promesa de la Resurrección.


Habitualmente, la escena representada se ciñe a la propia cena, justo antes de desaparecer, cuando le reconocen al verle cortar y bendecir el pan, aunque también podemos encontrar representaciones del momento previo en que los peregrinos ofrecen a Jesús entrar en la casa para la cena. Respecto a la caracterización de Jesús, puede aparecer representado como un joven imberbe (caso de la obra de Caravaggio), aunque se mantiene el arquetipo de Cristo siríaco habitual desde la Alta Edad Media.



5. La Incredulidad o Duda de Santo Tomás

La duda de Santo Tomás, Verrocchio
Cristo y Santo Tomás, Andrea Verrocchio

Recogido en el Evangelio de San Juan, se trata del episodio más conocido de la vida del Apóstol. Aunque Jesús había anunciado a Tomás su Resurrección, este se negaba a creerla. Su ausencia durante la aparición a los discípulos justifica su rechazo a la idea, expresando que solo cuando viera con sus ojos las señales de los clavos y la lanza en su costado e introdujera sus dedos en ellas, creería. Así, en el encuentro con Cristo, este le invita a hacerlo, tras lo cual le recrimina su falta de fe.


Debido a la necesidad de Tomás de “tocar para creer”, la escena puede aparecer en pareja con un Noli me tangere, como contraposición a la fe de María, quien cree sin tocar.



6. La Ascensión

Ascensión de Cristo, Perugino
La Ascensión de Cristo, Perugino

La Ascensión de Jesús, último episodio de su vida y Resurrección, aparece recogida en los Evangelios de San Lucas y San Marcos, así como en los Hechos de los Apóstoles, siendo en estos últimos donde aparece la narración más detallada.


El evento no solo supone el hito final de la vida de Jesús, sino que sirve de punto de inicio para la espera de la Segunda Venida o Parousía, es decir, el advenimiento glorioso de Dios en el fin de los tiempos y la instauración del Reino de Dios tras el Juicio Final.


Aunque los Evangelios difieren sobre la ubicación exacta, según lo referido en los Hechos de los Apóstoles la Ascensión habría tenido lugar en el Monte de los Olivos, concretamente en el lugar donde hoy se levanta el Edículo o Capilla de la Ascensión.


Es habitual la representación de Cristo envuelto en una nube o sobre ella, pudiendo ser ayudado en su ascenso por ángeles y aparecer en actitud de bendecir. También es frecuente la partición de la escena en dos registros en representación de los planos terrenal y celestial, apareciendo en el inferior los once apóstoles en presencia de los cuales se había elevado hacia los cielos, que pueden ir acompañados de más personas, mientras que el superior estaría protagonizado por la figura de Cristo resucitado sobre cuya cabeza se dispone, en ocasiones, el Espíritu Santo.

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