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Arquitectura romana: tipologías y características principales


Cuando se habla del mundo clásico, Grecia suele llevarse el protagonismo en lo que a arte se refiere. Sus templos, su escultura y su filosofía de la forma han marcado la historia del arte occidental de manera tan profunda que a veces Roma queda en segundo plano, como si fuera simplemente una heredera que se hubiera limitado a replicar lo anterior sin aportar demasiado. Pero... ¡nada más lejos de la realidad!


La arquitectura romana es una de las manifestaciones artísticas más ambiciosas, variadas y técnicamente avanzadas de la Antigüedad. Y, aunque el colosalismo romano es incontestable, lo que la distingue de la griega no es solo la escala sino su orientación radicalmente práctica. Los romanos construyeron para gobernar, para administrar, para entretener, para higienizarse, para conmemorar y para vivir. La arquitectura no era solo un asunto de belleza o de religión, sino una herramienta de organización social y de poder.



Una arquitectura para todo y para todos


Una de las diferencias entre la arquitectura griega y la romana es la gran diversidad de usos que esta última atiende. El templo griego era, en esencia, la tipología arquitectónica por excelencia. Los romanos lo heredaron, pero lo añadieron a un catálogo vastísimo que incluye edificios de ocio, de administración, de espectáculo, de higiene, de conmemoración y de vivienda, además de una ambiciosa red de infraestructuras que transformó la práctica totalidad del territorio del mundo conocido (y controlado) por los romanos.


Vista general de los foros de Roma
Vista general de los foros de Roma

Esta diversidad responde a una concepción de la ciudad y del Estado romano como proyecto colectivo y fuertemente jerarquizado. La ciudad romana no era solo el lugar donde vivía la gente: era el espacio donde se ejercía la ciudadanía, donde se celebraban rituales cívicos y religiosos, donde se impartía justicia, donde se descansaba y se socializaba. La arquitectura era el marco material y espacial de todo ello.


En el centro de ese espacio urbano estaba el foro: el corazón cívico de la ciudad romana, el lugar donde convergían los edificios de administración, los templos, los mercados y los espacios de reunión pública. Rodeado de pórticos y presidido por las instituciones del poder, el foro era el lugar donde la ciudad se representaba a sí misma.



Materiales y técnicas: el pragmatismo romano


La arquitectura romana es, en buena medida, el resultado de una solución de compromiso entre la ambición constructiva y la disponibilidad de materiales. A diferencia de la griega, que trabajaba fundamentalmente con mármol y piedra, Roma construyó con materiales más modestos y abundantes: madera, ladrillo y, sobre todo, el opus caementicium u hormigón romano, una mezcla de cal, arena, agua y áridos volcánicos que resultó ser uno de los materiales constructivos más versátiles y resistentes de la historia.


El problema estético de estos materiales, poco lucidos o "innobles" a la vista, se resolvió con un recurso tan simple como eficaz: cubrirlos con placas de mármol o revestimientos decorativos. El resultado era un edificio de aspecto lujoso sostenido por una estructura mucho más económica y fácil de construir a gran escala.


En lo que se refiere a técnicas constructivas, las grandes aportaciones de la arquitectura romana fueron el arco de medio punto y la bóveda de cañón, que permitieron cubrir grandes espacios sin necesidad de columnas intermedias. A esto se sumaron la bóveda de arista, la bóveda de horno y la cúpula semiesférica, que los romanos llevaron a una escala nunca antes vista.



Vitruvio y los órdenes clásicos


La arquitectura romana no partió de cero en lo formal. Heredó del mundo griego los tres órdenes clásicos -dórico, jónico y corintio- y los integró en su propio sistema, añadiendo dos órdenes propios: el toscano, más austero y robusto que el dórico, de probable origen etrusco, y el compuesto, resultado de combinar el capitel corintio con las volutas jónicas, obteniendo una solución más decorativa y recargada.


El teórico de referencia fue Marco Vitruvio Polión, arquitecto del siglo I a.C. cuyo tratado De architectura es el único texto sobre arquitectura clásica que ha llegado completo hasta nosotros. Vitruvio sistematizó los principios de la arquitectura romana en torno a los conceptos de firmitas, utilitas y venustas, es decir, solidez, utilidad y belleza, y dejó normas precisas sobre proporciones, órdenes y tipologías que influyeron en la arquitectura occidental durante siglos, especialmente a partir del Renacimiento, cuando su redescubrimiento se convirtió en uno de los eventos intelectuales más importantes de la época.


El gusto romano por la decoración llevó además a la superposición de órdenes en un mismo edificio, colocando diferentes órdenes en distintos pisos: dórico en el inferior, jónico en el central y corintio en el superior, que puede ir rematando en casos de elevada altura con un cuarto piso de pilastras adosadas de capitel también corintio, como puede verse en el Coliseo. A ello se sumó el uso extensivo del relieve, la escultura y la pintura al fresco como elementos decorativos.



Arquitectura religiosa: el templo romano


El templo romano es una de las tipologías más relevantes de la arquitectura de la Roma clásica. El edificio religioso romano por antonomasia bebe de dos fuentes: la griega y la etrusca. Del mundo griego toma la columnata perimetral y el uso de los órdenes; del etrusco, la elevación sobre un podium con escalinata frontal, el pórtico de acceso y la planta con nave única cerrada por muros laterales en lugar de la columnata exterior completa.


Maison Carreé Nîmes
Maison Carrée, Nimes

El resultado es un templo más cerrado y frontal que el griego, pensado para ser contemplado desde una posición frontal y para presentarse imponente sobre el espacio urbano. Los ejemplos más representativos son el templo de Portuno en Roma, del siglo II a.C., y la Maison Carrée de Nîmes, del siglo I a.C., uno de los templos romanos mejor conservados del mundo.


Una variante singular es la que representa el Panteón de Agripa en Roma, reconstruido por Adriano en el siglo II d.C.: una planta circular cubierta por una cúpula de 43 metros de diámetro que durante más de mil años fue la mayor del mundo, con un óculo central de nueve metros como única fuente de luz. El Panteón es una de las obras más influyentes de toda la historia de la arquitectura.



Arquitectura de administración: la basílica romana


La basílica romana es otra de las grandes tipologías de la arquitectura de Roma; no tiene nada que ver con las basílicas cristianas que conocemos hoy, aunque estas últimas heredaron directamente su forma y disposición.


Basílica de Majencio
Reconstrucción de la basílica de Majencio, Roma

En Roma, la basílica era un edificio civil destinado a usos múltiples: comercio, reuniones públicas, impartición de justicia. Su planta rectangular se articulaba en tres naves separadas por columnas (una central más amplia y alta, flanqueada por dos laterales) y se remataba con un ábside semicircular donde se situaba el tribunal o la estatua del emperador.


La basílica de Majencio en Roma, del siglo IV d.C., es la más monumental de las conservadas, con bóvedas de crucería que alcanzaban los 35 metros de altura.


Cuando el cristianismo se convirtió en religión oficial del Imperio, adoptó esta tipología como modelo para sus iglesias, reconociendo en ella una arquitectura pensada para albergar grandes congregaciones y celebraciones litúrgicas.



Arquitectura para el ocio: teatro, anfiteatro y circo romanos


Los romanos entendieron el ocio como una necesidad pública y, por ello, dedicaron importantes recursos a la construcción de grandes obras arquitectónicas destinadas al mismo. Las tipologías de arquitectura romana destinadas al ocio más relevantes son el teatro, el antiteatro y el circo.


El teatro romano muestra importantes diferencias respecto al teatro griego: mientras el teatro griego aprovechaba la ladera de una colina para el graderío, el romano se construye sobre una estructura artificial que puede levantarse en cualquier lugar, lo que permitió su expansión por todo el Imperio. La fachada exterior mostraba la característica superposición de órdenes con arquerías de medio punto mencionada anteriormente. El teatro de Marcelo en Roma, terminado en tiempos de Augusto, es el modelo de referencia; en la Península Ibérica, el teatro de Mérida es uno de los mejor conservados del mundo romano.


Coliseo Roma
Detalle del Coliseo de Roma

El anfiteatro se dispone como la unión de dos teatros, creando un espacio oval cerrado destinado a los espectáculos más populares del mundo romano: las luchas de gladiadores y los combates con fieras. El Coliseo o Anfiteatro Flavio de Roma, construido en el siglo I d.C., es su ejemplo más relevante y conocido: con capacidad para entre 50.000 y 80.000 espectadores, cuatro pisos con superposición de órdenes y un sistema de galerías subterráneas para gladiadores, animales y maquinaria escénica, se trata del ejemplo más significativo de anfiteatro romano.


El circo romano estaba destinado a las carreras de carros, otro de los espectáculos más masivos del mundo romano. El Circo Máximo de Roma, con capacidad para más de 250.000 espectadores, era una de las instalaciones más grandes de la ciudad de Roma.



Entre el ocio y la higiene: las termas romanas


Las termas romanas son uno de los inventos sociales más interesantes del mundo antiguo. No eran solo baños públicos: eran centros de vida social donde se conversaba, se hacían negocios, se practicaba ejercicio y se descansaba. Su acceso era barato o incluso gratuito, lo que las convertía en uno de los pocos espacios verdaderamente populares de la ciudad romana.


Su estructura respondía a un recorrido térmico preciso: el frigidarium o sala fría, el tepidarium o sala templada y el caldarium o sala caliente, además de espacios para el ejercicio físico o jardines entre otros. Las termas de Caracalla en Roma, construidas a principios del siglo III d.C., son las más representativas por su monumentalidad: podían atender simultáneamente a más de 1.500 personas.



Arquitectura conmemorativa: el arco de triunfo y la columna


Roma convirtió la arquitectura en un instrumento propagandístico de primer orden. Dos tipologías lo ilustran especialmente bien: el arco de triunfo y la columna conmemorativa.


Columna trajana
Columna de Trajano, Roma

El arco de triunfo, de inspiración etrusca, era una estructura monumental erigida para conmemorar victorias militares y glorificar al emperador o general victorioso. Formalmente consistía en uno o tres vanos adintelados enmarcados por columnas adosadas y coronados por un ático con inscripción. El arco de Tito en la Vía Sacra de Roma, del siglo I d.C., conmemora la conquista de Jerusalén y contiene en su interior algunos de los relieves historiados más importantes del arte romano.


La columna conmemorativa fue una invención romana sin precedentes en el mundo griego. Una columna de gran altura cubierta en espiral por relieves historiados que narraban las campañas militares del emperador. La Columna Trajana en Roma, del siglo II d.C., narra en más de 190 metros de relieve en espiral la conquista de Dacia por Trajano, y es uno de los documentos visuales más importantes de la historia de Roma.



Arquitectura doméstica: domus, villas e insulas


La vivienda romana presenta modelos radicalmente distintos según el entorno y la clase social, encontrando tres tipologías: la domus, la villa y la insula.


La domus romana era la residencia de las clases acomodadas: una casa unifamiliar organizada en torno a un patio central cubierto o atrium, precedido por el vestibulum de entrada y abierto al tablinum o sala de recepción. Más al fondo podía haber un peristilo, un jardín porticado de influencia helenística. La domus era una arquitectura introvertida, volcada hacia el interior, con escasas ventanas al exterior. Las casas de Pompeya ofrecen los ejemplos mejor conservados.


Junto a la domus urbana existía otro modelo de residencia aristocrática: la villa romana. Situada fuera de la ciudad, en el campo o en la costa, la villa combinaba la función residencial con la explotación agrícola. Las más lujosas eran auténticas residencias de recreo dotadas de jardines, termas privadas, bibliotecas y elaborados programas decorativos de mosaico y pintura al fresco. La Villa de los Misterios en Pompeya o la Villa Adriana en Tívoli, mandada construir por el emperador Adriano en el siglo II d.C., son los ejemplos más conocidos: esta última era prácticamente una ciudad en miniatura, con teatros, bibliotecas, termas y réplicas de los monumentos que Adriano había admirado en sus viajes por el Imperio.


La insula, en cambio, era el edificio de apartamentos de las clases populares: bloques de varias plantas (hasta seis o siete, aunque más habitualmente de dos o tres) con locales comerciales en la planta baja y viviendas en los pisos superiores. Las condiciones solían ser precarias: mala ventilación, riesgo de incendio, escaso acceso al agua... Roma era una ciudad donde convivían la suntuosidad de los palacios imperiales y la precariedad de los bloques de alquiler, no tan diferente en eso de muchas ciudades contemporáneas.



Obras de ingeniería romana: construir para gobernar


La ingeniería romana es quizás el legado más duradero y visible de Roma en el mundo actual.

Acueducto de Segovia
Acueducto de Segovia

La red de calzadas conectó los confines del Imperio con una eficiencia logística que no volvería a verse en Europa hasta el siglo XIX. Ejemplo de ello es la Vía Appia, iniciada en el siglo IV a.C. Los puentes, como el de Alcántara en Cáceres del siglo II d.C., con sus arcos de medio punto sobre el río Tajo, siguen en pie hoy. Los acueductos, como el de Segovia, construido probablemente en el siglo I d.C. y formado por 166 arcos de granito en dos pisos, llevaban agua desde manantiales a decenas de kilómetros de distancia con una precisión de cálculo admirable.


A todo ello se suma la red de alcantarillado, como la Cloaca Máxima de Roma del siglo VI a.C., o los sistemas de calefacción por suelo radiante gracias al sistema de hypocaustum, que permitiía la circulación de aire caliente bajo el pavimento en construcciones como las termas y las domus de lujo.



En definitiva, Roma no se limitó a construir edificios, sino que se volcó en la generación de infraestrcuturas que hicieron posible la vida urbana a una escala nunca antes vista, y cuya huella sigue siendo visible en buena parte del territorio europeo dos mil años después.

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