La arquitectura de las primeras vanguardias
- Lucía Montejo

- hace 23 horas
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Cuando se habla de arquitectura del siglo XX, lo primero que se le viene a la cabeza a la mayoría de la gente es lo mismo: Le Corbusier, Mies van der Rohe, el funcionalismo, la Bauhaus. El Movimiento Moderno o Estilo Internacional es, con diferencia, lo más conocido y estudiado de la arquitectura contemporánea, y no es para menos, ya que cambió radicalmente la manera de entender el espacio, los materiales y la función del edificio, así como la relación de éste con la sociedad y su papel en la transformación de la misma.
Pero antes de que todo eso se consolidara, hubo un período de ebullición creativa mucho más desconocido que merece más atención de la que habitualmente recibe. A principios del siglo XX, mientras las primeras vanguardias artísticas sacudían la pintura y la escultura, la arquitectura también vivió su propio momento de ruptura. Y lo hizo, como casi siempre, a su manera.
El correlato arquitectónico de las vanguardias pictóricas
La arquitectura de vanguardia del primer tercio del siglo XX funciona exactamente igual que sus equivalentes pictóricos: cada movimiento tiene su nombre, sus principios y sus obras de referencia, y todos ellos comparten una serie de características comunes que los sitúan como precedentes directos del Estilo Internacional.
Esas características son, a grandes rasgos, la funcionalidad frente al ornamento, la sinceridad material y estructural (los materiales se muestran tal como son, sin disimulos decorativos) y la preferencia por los espacios diáfanos y la geometría limpia. Cada corriente las interpreta a su manera, pero el sustrato es común.
La arquitectura del Cubismo checo

El cubismo checo es uno de los fenómenos más singulares y menos conocidos de toda la arquitectura de vanguardia. Mientras el cubismo pictórico fragmentaba las formas en planos y perspectivas múltiples, en Praga un grupo de arquitectos trasladó esa lógica a la fachada y la volumetría de los edificios.
El resultado es tan inusual como fascinante: edificios con superficies angulosas, facetadas, que parecen esculpidas más que construidas. El mejor ejemplo es Josef Chochol, cuya obra en los Apartamentos Hodek de Praga ilustra perfectamente lo que él mismo describía como el uso de "la materia como base de la decoración": una arquitectura que juega con la luz y la sombra mediante la geometría de sus propias formas.
La arquitectura del Futurismo italiano

El futurismo arquitectónico italiano es, en buena medida, una arquitectura de papel. Su figura central, Antonio Sant'Elia, murió en la Primera Guerra Mundial con apenas treinta años, dejando tras de sí una obra construida prácticamente inexistente pero un legado de proyectos y manifiestos que influyeron en décadas de arquitectura posterior.
Su proyecto de Città Nuova para el Milán del futuro es el documento visual más importante del futurismo arquitectónico: una ciudad imaginada en vertical, con rascacielos conectados por pasarelas y vías de comunicación a distintos niveles, que celebraba la velocidad, la industria y la modernidad con una concepción que la arquitectura real tardaría décadas en alcanzar.
El Neoplasticismo holandés en arquitectura

Si hay un movimiento que llevó más lejos la idea de integrar todas las artes en un proyecto común, ese es el neoplasticismo holandés, vinculado al grupo De Stijl y a la teoría plástica de Mondrian. La arquitectura neoplasticista traslada al espacio construido los mismos principios de la pintura: formas geométricas puras, colores primarios, equilibrio asimétrico.

Dos obras lo ilustran de manera ejemplar. El Café Aubette de Estrasburgo, de por Theo van Doesburg, es uno de los interiores más radicales de toda la vanguardia: techos, paredes y suelos convertidos en una composición geométrica total. Y la Villa Schröder de Utrecht, diseñada por Gerrit Rietveld junto a Truus Schröder-Schrader, es el edificio que mejor materializa los principios de De Stijl en arquitectura doméstica, con plantas diáfanas y fachadas que parecen ensamblajes de planos de colores.
El Expresionismo alemán y la arquitectura
El expresionismo alemán en arquitectura se desmarcó del funcionalismo predominante para explorar una dimensión más emocional y orgánica del espacio construido. Frente a la geometría racional de otros movimientos, el expresionismo buscaba formas que transmitieran estados de ánimo, que tuvieran algo de escultórico e incluso de irracional.

En su desarrollo tuvieron gran importancia los grupos asociativos, como el Arbeitsrat für Kunst, concebido como una especie de sindicato de artesanos del arte. Su arquitecto más representativo fue Erich Mendelsohn, cuyo Observatorio Einstein en Postdam de 1917, es una de las obras más reconocibles de toda la vanguardia arquitectónica: una masa escultórica, fluida y casi orgánica, que parece ajena a cualquier lógica constructiva convencional.
La arquitectura del Constructivismo ruso

El constructivismo ruso puso la arquitectura al servicio de la Revolución. Su apuesta era clara: los nuevos materiales industriales (hierro, acero, vidrio...) debían conformar un nuevo arte popular, funcional y colectivo, alejado de cualquier reminiscencia burguesa.
Su obra más icónica nunca se llegó a construir. El Monumento a la Tercera Internacional de Vladimir Tatlin, proyectado en 1919, era una enorme espiral inclinada de hierro y acero que debía superar en altura a la Torre Eiffel y albergar en su interior los órganos de gobierno de la Internacional Comunista. Solo existen el diseño y las maquetas, pero su influencia sobre la arquitectura y el diseño del siglo XX fue enorme. Konstantin Melnikov aportó otra obra fundamental al movimiento: el Pabellón de la URSS para la Exposición de Artes Decorativas de París de 1925, un ejercicio de geometría y dinamismo que causó sensación en la capital francesa.
Las tendencias historicistas: el antivanguardismo en arquitectura
No toda la arquitectura del primer tercio del siglo XX apostó por la ruptura. Paralelamente a las vanguardias, muchos Estados y regímenes recurrieron a lenguajes historicistas como forma de afirmar su identidad o legitimar su poder.

En España, durante la dictadura franquista, el estilo predominante fue el neoherreriano o nacionalcatólico: una arquitectura que recuperaba las formas del Escorial y la tradición imperial española como símbolo del nuevo régimen. El Cuartel General del Ejército del Aire en Madrid, obra de Luis Gutiérrez Soto, es su ejemplo más conocido. Una apuesta deliberadamente reaccionaria en un momento en que el resto de Europa miraba hacia adelante.
La importancia de la arquitectura de vanguardia
La arquitectura de vanguardia no es un capítulo menor ni una rareza histórica; más bien, supuso el laboratorio en el que se ensayaron los principios teóricos y formales que el Movimiento Moderno sistematizó y llevó a escala global. La funcionalidad, la sinceridad estructural, la integración de las artes, el uso de nuevos materiales: todo eso estaba ya, de una manera u otra, en el cubismo checo, en el neoplasticismo o en el constructivismo, años antes de que Mies van der Rohe o Le Corbusier se convirtieran en los referentes a nivel mundial de las nuevas tendencias de la arquitectura moderna.
Por ello, entender la arquitectura de las primeras vanguardias es entender el nexo que une la arquitectura industrial del siglo XIX con el Estilo Internacional.
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