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  • Foto del escritorLucía Montejo

Suzanne Valadon, la pintora postimpresionista del desnudo

“Esta maldita cuenta con el genio del dibujo”, profirió Degas. El pintor parisino fue uno de los mentores de Suzanne Valadon y quien, convencido del talento de su colega y amante, la animó a participar en el Salón de la Sociedad Nacional de Bellas Artes de Francia en 1894.

Suzanne Valadon retratada por Renoir en Baile en Bougival, 1883.
Suzanne Valadon es la protagonista de esta obra de Renoir de 1883.

¿Quién era aquella mujer sin formación académica que no solo logró exponer al lado de los grandes nombres del momento sino que, además, consiguió ser la primera mujer aceptada en la exclusiva Société Nationale des Beaux-Arts?


Incluso quienes no conocen el nombre de Suzanne Valadon, la han visto retratada en numerosas ocasiones en obras de otros famosos postimpresionistas. Habitual del barrio parisino de Montmartre y de sus círculos sociales vinculados al arte y el espectáculo, puso rostro en numerosas ocasiones a la sociedad parisina de la época, sirviendo de modelo e inspiración a varios de sus contemporáneos, pero, además fue una artista destacada del París del momento.


Las mujeres que cultivaron una estética postimpresionista no son tan conocidas como las netamente impresionistas; Willhelmina Weber, considerada la primera modernista estadounidense, o la canadiense Emily Carr son algunas de ellas, pero entre las artistas destacadas del movimiento despunta la conocida como Suzanne Valadon.


Formación y trayectoria

Suzanne Valadon

De orígenes humildes e instalada en Montmartre desde niña, Marie- Clémentine Valade (1865- 1938), mantuvo contacto con algunos artistas destacados del París de la época, primero a través de su trabajo como acróbata circense y, posteriormente, como modelo. De esta forma, Valadon trabajó para Degas, Renoir o Toulouse- Lautrec, entre otros, lo que le permitió acercarse profesionalmente a la pintura y entrar a formar parte de los círculos sociales artísticos del momento desde la década de 1880.


Su formación fue esencialmente autodidacta; la ausencia de formación académica le permitió acercarse a las nuevas propuestas del arte moderno desvinculada de la tradición académica. Cultivó técnicas variadas como el carboncillo, el pastel, la punta seca, el buril o el óleo, dejando una vasta producción con temáticas que abarcaron el retrato femenino, las naturalezas muertas y bodegones, el paisaje y, el género por excelencia en el que sobresalió, el desnudo.


Suzanne Valadon y el desnudo

Suzanne Valadone, Nu assis sur un canapé
Nu assis sur un canapé, 1916

Suzanne Valadon manifestó su interés por el desnudo en diversos dibujos, grabados y pinturas, haciendo gala de una concepción moderna del mismo conjugada con una visión femenina que, en contraste con su propio trabajo como modelo de pintores masculinos, desobjetualizaba el cuerpo desnudo de la mujer tanto en las escenas como en las actitudes, para presentarlo en su lugar como protagonista de la cotidianidad. De esta manera, Valadon combina el tratamiento colorista y espacial de las corrientes contemporáneas con la rutina doméstica típica del realismo, eliminando la mirada masculina de la representación del cuerpo femenino.


Además, su cercanía con la realidad social de los hogares pobres de la ciudad le llevó a interesarse por la figura del marginado, principalmente mujeres y niños, en sintonía con la corriente realista que, en principio, rechazaba.


Obras de Suzanne Valadon


Autorretrato, 1883

Suzanne Valadon
Autorretrato, 1883

Este autorretrato destaca por el contraste que supone respecto a las representaciones de Valadon que, en la misma época, veían la luz de la mano de pintores varones para los que trabajaba como modelo.


Frente a las obras de Renoir o Degas en las que aparece retratada (como, por ejemplo, la que encabeza este artículo), Valadon plantea una imagen escueta y rotunda, centrada en un rostro serio y relajado cuya mirada se dirige directamente al espectador. Se trata de una representación, por tanto, muy alejada de la parafernalia burguesa postimpresionista y sus escenas coloristas de ocio, optando por una autoimagen rigurosa tanto en la actitud como en su tratamiento plástico y espacial.



Adan y Eva, 1909

Adán y Eva, Suzanne Valadon
Adán y Eva, 1909

Esta es una de las obras más conocidas de Valadon, valorada tanto por su calidad plástica, plenamente inserta en las corrientes de la época, como por su carácter autobiográfico.


La artista se retrata aquí junto con André Utter, con el que se casaría en 1914 tras un primer matrimonio fallido. La relación había supuesto un escándalo: Utter era amigo de su hijo, sensiblemente más joven que ella (algo más de veinte años de diferencia) y, además, Valadon estaba casada. La representación de Utter y Valadon como unos Adán y Eva contemporáneos mostraba sin tapujos no solo la relación, sino su concepción de la misma: dos seres desnudos, en un paraíso, comiendo de la manzana del pecado. Aunque, como se ha mencionado, la relación supuso un escándalo en sus inicios, Valadon y Utter vivieron juntos el resto de sus vidas, hasta el fallecimiento de la pintora en 1938.


Aunque actualmente los genitales de Utter se encuentran cubiertos, es importante destacar que no se trata del planteamiento original: el cuadro supuso el primer desnudo integral conjunto de un hombre y una mujer, de forma simultánea. El desnudo femenino venía siendo una constante en la pintura desde hacía siglos, pero su representación junto a un hombre fue considerada impropia por la Sociedad de Bellas Artes francesa, que obligó a cubrir únicamente el sexo masculino por impúdico, mientras que se consideró completamente normal la exposición del cuerpo femenino; una concepción machista que, tristemente, ha llegado hasta nuestros días.



Retrato de Erik Satie, 1893

Erik Satie Suzanne Valadon
Retrato de Erik Satie, 1893

Erik Satie no fue el gran amor de Suzanne Valadon, pero Suzanne Valadon fue el único que el compositor conoció. Antes de su primer matrimonio, Valadon mantuvo un romance de apenas seis meses con Satie. El compositor y pianista francés manifestó estar roto de dolor cuando Valadon puso punto final a la relación, componiendo algunas piezas dedicadas a la que sería el único amor conocido del artista, a la que apodaba cariñosamente Biqui (se trata de dos piezas cortas, Bonjour, Biqui, bonjour, como regalo para la pintora y Vexations, compuesta tras el final del romance).


Suzanne Valadon realizó este retrato en 1893 como regalo para Erik Satie.





El reconocimiento de Suzanne Valadon llegó, al menos en parte, en vida, como lo demuestra la férrea amistad que mantuvo con algunos de los más grandes pintores del siglo XX como Braque, Derain o el mismísimo Picasso. Además, actualmente sus obras se exponen en algunos de los museos de arte contemporáneo más importantes del mundo como el MoMA o el Pompidou. Sin embargo, como es habitual con los nombres femeninos de artistas, su figura no ha calado aún entre el gran público, silenciada durante décadas en los libros de arte.



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